Mudarse debe ser una de las experiencias más odiosas y molestas de la vida. Dicen que nadie se salva de la muerte y los cuernos; yo agregaría de mudarse, excepto que usted viva en una aldea aislada de la civilización en Tarkarszajstán (esta localidad no existe, la acabo de inventar, pero en caso de existir probablemente estaría entre Europa oriental y la ex Unión Soviética). Convengamos entonces que en condiciones habituales de existencia, mudarse es un hecho fastidioso, pero agreguemos a esto la condición del estudiante universitario. Parece quizá un poco exagerado de mi parte, pero en los párrafos siguientes verán que no es así (todo lo relatado se basa en hechos reales).
En primer lugar uno toma la decisión de mudarse, en mi caso, mi compañero de departamento (Ezequiel) consiguió una oportunidad laboral y debía dejar Córdoba; claramente yo no podía quedarme alquilando ese departamento para dos personas hasta que el contrato terminase, entonces decidimos rescindir el contrato el mismo día en que sus jefes foráneos le confirmaron que debería mudarse un año a Alemania si estaba dispuesto a aceptar el trabajo. La inmobiliaria solicitaba para la rescisión, un mes anticipado de aviso. Desde ese día entonces, quedaba un mes exacto para abandonar el nido y hacer una innumerable cantidad de cosas, comenzando lo que he denominado “odisea del estudiante que se muda”.
1. Conseguir otro departamento: este ítem prácticamente lo voy a obviar porque mi búsqueda de departamento, y la contratación no implicaron en este caso demasiados inconvenientes.
2. Pintar (primera parte): aquí nos encontramos con lo que aparenta ser el menor inconveniente, aunque en realidad se trata del primero pero el peor de todos ellos.
- - ¿Cuánto puede llegar a salir un pintor?
- - Ni la menor idea…
- - Llamemos a éste a ver que nos dice.
- - Dale.
- (Llamada telefónica)
- - dice que por las dimensiones del departamento, $600.
- - ¡¿¡¿¡¿Qué?!?!?!
- - si, 600.
- - ¡¿¡¿¡¿Qué?!?!?!
- - ¡¿Sos sordo, pelotudo?!
- - Perdón…
En este momento pedimos ayuda a la persona que conocemos que más sabe de mudanzas: “el Héctor” (el encargado del edificio). “el Héctor” ratifica que los precios dados por el pintor son los normales y nos asesora respecto a la cantidad de pintura que nuestro departamento puede necesitar. Son alrededor de $200…
- - Yo llamo a Fulano, Mengano, Caetano.
- - Joya, mi hermano va a estar en Córdoba, así que nos da una mano también.
- - Lo hacemos en dos patadas.
La decisión está tomada. La diferencia de precio y nuestra indisponibilidad monetaria lo justificaban y decidimos pintar nosotros el departamento cuando estuviéramos más cerca de la fecha de devolución del mismo, comenzando así una concatenación de maldiciones, aunque lo ignorábamos (¡ilusos!).
3. Embalar: Acá coincidimos todos, déjenme de joder. No hay nada peor que recorrer el centro en búsqueda de cajas. Uno entra a una innumerable cantidad de negocios, desde panaderías hasta comercios de lencería erótica. Los vendedores, ávidos de cobrar la comisión de una potencial compra, muestran un interés creciente hasta que uno les pregunta si tienen cajas para dar. Ahí todo el interés decae, la cara se transforma y si te he visto, no me acuerdo. Cuando conseguimos las cajas, dan asco y hay que limpiarlas. Luego buscar papel de diario para embalar cuidadosamente platos, vasos, electrodomésticos, la estatua de buda y el cuadro del Teto Medina del dormitorio. Todo esto, absolutamente concientes de que algo se va a romper y de que en un lapso máximo de un día todo va a desenvolverse, provocar mugre en el nuevo departamento. Mientras tanto pensamos ¡¿Para qué carajo guardé este reloj TAN feo que encima no funciona?! Y lo envolvemos y embalamos con el resto de nuestros preciados bienes. Al desembalar todo, nos damos cuenta de una inevitable realidad: no hay espacio físico para tantas boludeces.
Así concluye la primera parte de la “odisea del estudiante que se muda”. A esta altura uno cree que la mayoría del trabajo está hecho, pero se equivoca rotundamente. En la segunda parte de este post, serán vistos el resto de los puntos problemáticos: 4. Flete; 5. Pintura (segunda parte); 6. Limpieza; 7. Devolución de llaves. El último punto es el peor, y verán lo difícil, dificilísimo que es liberarse de una inmobiliaria conocedora de inexperiencia de los estudiantes…
[Lu/N4r]
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