Suele decirse que en la infancia las personas acuñamos algunos ídolos que honramos con total honestidad hasta que al crecer, nos damos cuenta que un hombre soltero, vestido con calzas negras y que en realidad no vuela, no tiene demasiada dignidad, así como tampoco factibilidad. Abandonamos la idea de poder llegar a ser un superhéroe resultado de la radiación de un accidente nuclear cuando comenzamos a ver las reales consecuencias de la radiación en la gente (y que yo sepa, tener más extremidades de lo normal, cáncer y esterilidad, no son justamente el tipo de características que la humanidad considera "habilidades heroicas").
Supuestamente para esta altura se empiezan a desarrollar nuestros sentimientos altruistas hacia el mundo, nuestra conciencia social y la apreciación al arte. Lo más probable entonces es que nuestros héroes sean personas mucho más asequibles, lógicas y representen alguno de estos caracteres.
Puede ser que todo esto sea cierto, pero creo que también existe la posibilidad de forjar algún(os) ídolo(s) de la infancia que se mantenga para toda la vida (y no hablo de mis padres, eso se lo dejo a los diálogos clisé del cine barato o a los casting de Gran Hermano; aunque tampoco me malinterpreten al respecto, sólo digo que no es el tipo de aseveración para este blog). Todo se remonta a mi mediana infancia; verano de algún lejano año cuando mi prima mayor me regaló un walkman. Artefacto paradigmático de los años noventa (al igual que la videograbadora y los rollers), no tener uno en tu casa era como no tener una heladera y estaban en casi todas las películas de esa década. De todos modos y a pesar de su escasa vida útil, el arcaico walkman fue la puerta de ingreso a algunos de mis ídolos infantiles.
Imagínense que a esta edad (alrededor de los 9 años) un hijo menor cuyos hermanos le llevan 7 y 9 años, a falta de cómplices cercanos de juego (además vivía en aquel entonces muy lejos de mis amigos) debe encontrar maneras diversas de pasar las horas del día sin aburrirse (como comentaba en el post anterior, soy muy fácil de aburrir, incluso de chico) y ese walkman me dio muchas horas de entretenimiento y un alto presupuesto en pilas AA.
Cuando llegué al mundo mi familia gozaba de varios años de conformación; los suficientes como para acumular grandes cantidades de boludeces guardadas tanto dentro como fuera de la casa. Entre esas cosas habían varios cajones absolutamente repletos de casettes de distinta índole (también habían muchos discos de vinilo pero nunca me interesé en el tango hasta llegada mi adolescencia media) y así pasé largo rato arruinando mis oídos con todo tipo de género musical de antaño (el casette más moderno de ese cajón era de Alejandro Lerner para que se den una idea). Hasta que la buena suerte y en beneficio de mi salud psíquica, encontré varios casettes que hicieron que dejara de escuchar la música retro de mis padres para dedicarme con exclusividad al nuevo descubrimiento: Las Obras de Les Luthiers (más tarde comenzaría con los casettes de mi hermano, a quien agradezco que me dejara robarselos y facilitara mi desarrollo de un gusto musical más decente).
Escuché esas cintas varias veces de ambos lados, generalmente a la hora de la siesta cuando no hay nada para hacer y la televisión es un fiasco, o mejor dicho, cuando es más fiasco de lo normal. No tuve oportunidad de conocer la cara de estos sujetos hasta varios años después cuando encontré un viejo afiche desplegable de mi papá con la cara de los seis, más tarde los vi en la televisión y luego en el maravilloso mundo de YouTube. Responsabilizo a este grupo de genios (que ahora son cinco) por el desarrollo de mi escueto sentido del humor (para reconocerlo, no para generarlo, claro…).
Para mí, esta es una experiencia que dejó en claro los criterios certeros para reconocer un humor en su estado más puro: aquel que no reconoce generaciones y no envejece. Sigue siendo el día de hoy que me río del mismo modo que lo hacía años atrás con estos artistas, aunque supongo que estoy más avispado para entender algunos dobles sentidos y otros vericuetos simbólicos.
Estimo que no todos comparten el mismo gusto que yo, pero como el blog es mío afortunadamente, les dejo un par de videos para que disfruten.
Gracias Walkman, gracias Les Luthiers, gracias años noventa…
[Lu/N4r]
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