A veces pienso que las emociones son meros cambios de carga energética de un estado a otro. Una especie de polaridad redefiniendo su supremacía constantemente y me pregunto sobre si este sentimiento de polaridad ante hechos muy particulares que suelo suscitar en ocasiones se trata de una sensación general o simplemente un qualia de mi idiosincrasia mental. Si no es una cosa es exactamente lo opuesto sí y solo sí. Yendo al pragmatismo: suelo enfrentar los días con una cuota general de seguridad y actitud de confianza; obviamente no en todo sentido de la vida, siempre hay algo a que temerle pero ahora no me dedico a eso, simplemente a la postura general; sin embargo hay momentos de arrebato de tal seguridad y la sensación es totalmente antagónica, no hay seguridad ni fortaleza sino vulnerabilidad.
Estas cosas no pasan azarosamente y creo que están determinadas aunque uno no conozca las causas. Soy determinista y lo repito por enésima vez (no en sentido teleológico, sino causal). Podría citar un modo paradigmático en que se define este esquema: cuando acontece aquello que uno estaba esperando que no suceda aunque tenía la sospecha de que iba en camino. Es impresionante como en el transcurso en que las cosas se anticipan uno va generando sus defensas para negar la realidad y lo hace tan eficazmente que cuando se enfrenta a la situación en sí, la fuerza con la que esas barreras caen devastan todo lo que en el camino existía. Es como una macro-desorganización del esquema planteado y como las ratas en las catástrofes naturales uno no sabe que rumbo tomar y todos son peligrosos y potencialmente equivocados.
Y así es como inevitablemente uno se desencanta con su seguridad, seguridad ingenua y de cartón que es de hecho un poco naïf porque las cosas son totalmente contingentes y no hay nada que intrínsecamente en ellas me digan que la brújula no pueda apuntar equivocadamente. Miedo, desilusión y crueldad de la realidad que como siempre digo, no es, sino que está (aunque el origen de la frase la tomo prestada).
Particularmente hoy estoy escribiendo sin mucha ayuda de la censura, excepto la ortográfica (que comprobaré al finalizar todo para no entorpecer la naturalidad del relato), lo cual hace gozar a esta producción de la honestidad inevitable de cuando uno escribe sin pensar demasiado porque la situación lo exige.
Y acompañando esta polaridad anímica, arrastramos una polaridad en las disposiciones conductuales; cuando uno tiene la mente llena de ideas y confusión es difícil incorporar datos sin sesgarlos y deformarlos con una percepción acaparada por las preocupaciones propias. En este caso lo mejor que uno puede hacer es escribir, y materializar (con una increíble perdida de material en el intento, como no puede ser de otra manera) lo que intenta explicar la mente sin ayuda y muy ineficazmente. Por eso nuevamente la polarización, o se lee o se escribe, dependiendo del nivel de desorganización espiritual (no creo que sea la palabra adecuada) que uno tenga.
Luego de las emociones ambivalentes uno entra en la cuenta de algo: nota un cambio en su forma de ver. El paradigma cambia, como cambia todo el tiempo, y lamentablemente el caos es la única forma de generar una nueva organización.
Tiempo después del “paradigcidio” uno puede hacer una mirada retrospectiva a la escena del crimen y descubrir los indicios desencadenantes del suceso, las verdades subjetivas que provocaron la angustia necesaria para causar la extinción de un viejo esquema: La vulnerabilidad, la impotencia de controlar la situación, incertidumbre de no saber qué hacer al respecto, humillación de perder omnipotencia, la vergüenza de pedir ayuda, el orgullo porfiado de creer que siempre hay una respuesta, el derecho a tener miedo y el intento fallido de poner las cosas en orden.
[Lu/N4r]
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