miércoles, noviembre 29, 2006
posted by .::[Lu/N4r]::. at 10:49 PM

Reclamos, marchas, gritos, carteles y muchas reivindicaciones. Una irritabilidad colectiva generada por la crisis global de nuestro país hace que vivamos enojados con todo y reclamemos a los cuatro vientos nuestros derechos con papelitos en la mano que los avalan. Pequeños y grandes reclamos, pero por lo general grandes, radicales y masivos, lo cual no está mal pero en el transcurso de planificar objetivos megalómanos perdemos de vista los pequeños. Exigir con tanta vehemencia revoluciones sociales, pone en riesgo nuestra capacidad de no descuidar nuestros pequeños derechos, esas migas insignificantes (pero totalmente evidentes ante su falta) que hacen a nuestra completud y bienestar. En definitiva, reclamamos cambios estructurales inimaginables en nuestra sociedad y nos olvidamos de que mientras tanto perdemos los detalles que nos hacen feliz en lo cotidiano, aquellas trivialidades en las que depositamos fe, esperanza, seguridad o incluso nuestra mojigata superstición.

Cuando recuerdo mis primeros días de universitario no puedo olvidar la lagunita que acostumbraba atravesar para llegar hasta mi Facultad. Primero fue circunstancial pasar por ahí, miraba con gratitud los patos mojarse, los envidiaba por poder hacer eso tan desinhibidamente mientras yo sufría el calor de la época y lo dejaba pasar, pero de todos modos les tomé simpatía. Un día la caminata se acompañó de la ansiedad de acabar de salir de uno de los parciales del ingreso y una instigante incertidumbre acerca de mi desempeño en el mismo. Se juntó mi inseguridad, la necesidad de encontrar algo en que depositarla y mi simpatía hacia los patos, es decir encontré esa migaja de mi vida cotidiana que con mi infrecuente superstición me sirvió para tranquilizarme y pensé “los patos me van a dar suerte carajo”.

De tanto en tanto los patos eran mi pequeño derecho que me permitía ser ingenuo y responsabilizarlos de mis preocupaciones; ritualicé una cabala privada que era parte de mi bienestar. ¡Pero un día, no estuvieron más! Ni una explicación, una palabra, alguien a quien preguntar, nadie sabe que pasó con los patos de ciudad universitaria; mientras hacen marchas por el presupuesto universitario yo reclamo la aparición con vida de mis patos, son mi derecho, mi pequeño espacio de seguridad. Yo no hago grandes reclamos, hago uno pequeño, quiero esos animalitos que introyecté como simbolización de mi autoeficacia, los novios reclaman su derecho a tener observadores despreocupados, la guardia universitaria reclama el graznido sin eco de los plumíferos y algunos perros hambrientos reclaman la psicosis que les provocaba no poder encontrar una forma para entrar al territorio sabroso de los patos.

Hoy solo me queda un poco de conformidad por haber dejado plasmada mi impotencia ante la impunidad de la desaparición de estas criaturas, seguiré reclamando mi pequeño derecho y como toda reivindicación social, también me quedo con un poquito de esa esperanza que genera el reclamo. Todo pedido es justo, siempre que deje una pizca de satisfacción y perspicacia por su plausible cumplimiento.

...Lucas

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viernes, noviembre 03, 2006
posted by .::[Lu/N4r]::. at 12:28 AM

Hace unos pocos días estaba por mi visita diaria y rutinaria por la cantina de la Facultad comprando algo para alimentarme porque siempre llego a clases apurado y nunca desayuno en mi casa (se puede entender que cerca del mediodía ya estoy bastante famélico), cuando veo en la heladera de bebidas un cartel con la frase “mirar también es salud”. Un amigo se acercó a preguntarle a quien atendía qué significaba exactamente esa frase a lo que ella respondió “polisemia, interprétalo como quieras”. Me sentí un poco estúpido al principio porque no sabía como interpretar la frase pero después pensé que seguramente esa era justamente la idea de quien lo había escrito, en definitiva, no se si alguien se puso a elucubrar al escribirlo que haya una manera “correcta” de interpretarlo y otra “incorrecta”, de todos modos me exculpe de la interpretación e hice caso omiso. Esa era la virtud de la frase a fin de cuentas, poder exculparse de dar una buena interpretación, porque no saber si existe como tal.

La situación en la cantina fue un caso de polisemia sin responsabilidades por decirlo de algún modo pero a veces hay polisemias que conllevan grandes responsabilidades y malinterpretar podría ser peligroso. ¿Qué pasa cuando se habla del orgullo? Es difícil encontrar la respuesta y a veces evadimos (con buenas razones) el uso de esta palabra ¡Que sentimiento noble es sentirse orgulloso! Pero como te lo recriminan en otros casos. No existe dicotomía más molesta. Es por un lado un rasgo de la personalidad indeseable ser orgulloso, algo así como ser obstinado e inflexible pero tan distinta a esa sensación de estimación propia que nace de causas virtuosas y que nadie juzgaría con hostilidad.

Desde mi punto de vista es una contradicción innecesaria que se da por el mal uso de la palabra. Muchas veces se usa al orgullo como virtud en contextos inadecuados que lo convierten en una soberbia sobreestimación de un solo paso. No creo que quede claro sin un caso concreto. Un padre está orgulloso de su hijo por sus logros y nadie cuestiona eso, sino que lo enaltecen porque se trata de un cumplido merecido pero a veces uno se siente orgulloso de cosas por las cuales no debería sentirse así. ¿Qué sentido tiene estar orgulloso de la nacionalidad? Es algo con lo que nacemos, morimos pero que no construimos nosotros, el país no se fundó cuando fuimos concebidos, es algo predeterminado. Lo mismo pasa al estar orgulloso de un cociente intelectual ¿es acaso fruto de nuestro esfuerzo y empeño estar constituidos psíquicamente de determinada manera? Es como estar orgulloso de tener dedo pulgar (hay una frase odiable de los libros de neurología que dicen que los humanos debemos estar orgullosos de nuestra corteza prefrontal porque eso nos hace humanos. Nacemos humanos, es nuestra constitución no tenemos porqué estar orgullosos de algo que no es nuestra responsabilidad ni nuestro logro). Es en ese sentido en que el orgullo se convierte en un rasgo de sobreestimación innecesaria y deja de ser una virtud, por lo tanto no se trata de una confusión legítima sino en un error del hombre de creer que estar orgulloso de las cosas predeterminadas es igual de honrado que estar orgulloso de nuestros verdaderos logros, de nuestros aportes auténticos al mundo. Miguel Ángel no tenía que estar orgulloso de tener dedo pulgar, su genialidad radicó en poder utilizarlo de la mejor manera posible y crear cosas como la capilla sixtina. Einstein no tenía que estar orgulloso de la profundidad de sus circunvoluciones cerebrales, tenía que estar orgulloso de haberle sacado el provecho máximo para hoy ser parte de un nuevo paradigma científico.

Ese es para mí el orgullo que vale, el que deriva de nuestros aportes al mundo y no lo que nos hacen indefectiblemente lo que somos, porque ya estamos definitivamente constituidos, ahora veamos que podemos hacer con lo que tenemos y sintámonos orgullosos de eso.

…Lucas

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