Finalmente el gordo nazi se presenta (sí, era un gordo nazi) en el momento EXACTO en que suena el timbre del colegio San José que se encuentra cruzando la calle, justo en frente de mi edificio. Por alguna extraña razón que todavía no alcanzo a entender, los colegios de Córdoba juntan alumnos de todas las edades; donde yo me crié había colegios primarios y secundarios separados, en Córdoba se produce una extraña mixtura de edades, uniformes, sexos y peinados posmodernos. Sin deseo de extenderme mucho me refiero a que sumándole que el gordo nazi llega con la camioneta del flete en el momento exacto que suena el timbre de salida, el colegio empieza a egresar una cantidad estrambótica de alumnos debido a que tiene TODOS los niveles: prejardín, jardín, escuela primaria y secundario; un quilombo. (N.D.E: en Córdoba prejardín y jardín, equivalen a las nomenclaturas sala de cuatro y preescolar respectivamente que se utiliza en otras provincias).
Suena el timbre de mi departamento (la conversación puede estar modificada respecto a la original con propósitos netamente explicativos):
- Hola.
- Hola, soy el gordo nazi del flete.
- Ah, ok, ahora bajamos.
Acá es donde la mente del estudiante activa el switch de “ahorro de dinero”, porque teniendo en cuenta que los fletes cobran por tiempo, cuanto antes, mejor.
Todo es un caos, uno que está apurado, el ascensor hace un quilombo insoportable porque la puerta está abierta demasiado tiempo, los vecinos te putean porque estás usando los dos ascensores y no pueden subir, las viejas te miran con mala cara (aunque esto es algo normal, todas las viejas miran a los estudiantes con mala cara, seguramente porque somos todos promiscuos y drogadictos) y el encargado putea con total justificación en voz baja porque le estás ensuciando todo el palier. El gordo nazi no ayuda, porque el servicio es de “flete”, no de “mudanza”, gran diferencia ¡ojo!; así que entre la congestión de vehículos de padres estresados en busca de sus vástagos, transportamos los muebles con mi hermano desde el departamento hasta “la chata” (que por falta de espacio para estacionar se encuentra en la otra cuadra) y como aún estamos encendidos en el modo “ahorro de dinero” acomodamos todo al mejor estilo tetris para realizar un solo viaje y no tener que seguir pagándole al obeso nacional-socialista.
Finalmente arribamos al nuevo domicilio y el fletero procede a asaltarnos; concientes del mal necesario nos bajamos los pantalones sacamos la billetera y pagamos el importe estipulado. Luego subimos todas las porquerías al departamento nuevo. No voy a ahondar en muchos detalles acá: es igual que el embalaje, pero al revés; y como el orden de los valores no altera el producto, el quilombo y la mugre provocados es más o menos el mismo.
5. Pintura (segunda parte): Resumiendo la primera parte de esta sección: había una diferencia notable de dinero entre contratar un pintor y hacer la tarea nosotros mismos. Gracias a nuestra avaricia y con el asesoramiento de “el Héctor”, más la confirmación de colaboración de Fulano, Mengano, Caetano y mi hermano, decidimos complicarnos la existencia con la segunda opción.
Tomamos esta decisión faltando cerca de un mes para entregar el departamento, ignorando que la fecha de los finales de ambos concubinos caían justo un día antes y el mismo día de la entrega del inmueble.
- ¿El viernes a qué hora rendís?
- A la mañana.
- Bueno lo pintamos después que salgas y lo entregamos el sábado temprano. No creo que haya problema.
- No creo.
Procedimos de ese modo entonces. Nuevamente: ¡ILUSOS! Como era de esperarse, Fulano, Mengano y Caetano encontraron actividad mejores para el fin de semana que clavarse en un departamento a fines de noviembre a cagarse de calor para pintar. A mi hermano no le quedó otra que ser mi hermano, así que me hizo el aguante y afortunadamente sabía bastante más del tema que Ezequiel y yo.
A las pocas horas de empezar nos dimos cuenta que la pintura era poca, así que tuvimos que adquirir más, y la brecha entre el precio del pintor y nosotros se fue haciendo más chica, mientras que nuestro arrepentimiento crecía de manera inversamente proporcional.
Algo extraño empezó a suceder al humedecer las paredes con pintura (de mala calidad, por supuesto), un estampado de flores se comenzó a dilucidar. Resulta que la anciana, dueña de ese departamento (que estimamos murió de un extremado y fulminante mal gusto) había hecho empapelar TODA la vivienda (incluyendo la cocina, si señores). Eso hizo imposible que las paredes tomaran bien la pintura, lo cual retraso la tarea no un día, sino TRES (viernes, sábado y domingo) extendiéndose en igual proporción la magnitud de nuestras puteadas y maldiciones. Para no dilatar demasiado el relato voy a obviar lo que sucedió cuando pintamos los taparrollos y qué hicimos cuando se empezó a quebrar el revoque en mi habitación, pero aquel que quiera saberlo, estaré encantado en contárselo. El domingo, luego de la gloriosa finalización, limpiamos todo y nos fuimos muy temprano a dormir todos.
6. Devolución de llaves: Tengo la teoría de que el rubro informático y el inmobiliario son los peores que existen. Los informáticos ante el más mínimo desperfecto siempre dirán que hay que cambiar el disco duro y hacer una limpieza general, con la consecuencia de perder toda la información en la endemoniada PC. Los inmobiliarios son aún más crueles: basan sus ganancias en inflexibilidades legales y especulaciones del cliente, como por ejemplo la siguiente:
(Con el fin de identificar a la señorita de la inmobiliaria se le adjudicará una denominación azarosa)
Yo: Hola, te vengo a entregar las llaves del departamento.
Puta insensible y especuladora (P.I.E): - (sin siquiera saludar) No le diste de baja a los servicios ¿no?
Yo: por supuesto que le di de baja a los servicios. Hace un mes que estoy viviendo en otro lugar.
P.I.E: ¿Pero cómo le vas a dar de baja? Nosotros le avisamos a Ezequiel (Patrañas). ¡¡¡Yo ahora no puedo comprobar que los artefactos del inmueble estén en condiciones y no te voy a poder liberar la garantía del recibo de sueldo ni la escritura de la propiedad!!!
Yo: bueno, eso no lo sé, Ezequiel está de viaje y me pidió que termine yo con esto ¿podemos por lo menos cerrar el resto de los trámites? Porque ya no quiero saber más nada con ustedes.
Recalco: todo esto es real. Volvimos al departamento con la “P.I.E” para corroborar las condiciones de devolución. Todo estaba impecable, excepto que la alacena tenía migas y las ventanas no estaban limpias. En ese momento estallé en cólera: el departamento había sido entregado en pésimas condiciones y la mequetrefe pretendía que yo lo devuelva cual palacio de Buckingham. Discutimos un rato. Finalmente y en aras de terminar todo ese día, nos rebajamos y fuimos al disco con mi hermano a comprar algunos artículos más de limpieza y limpiamos la alacena y la pintura seca que quedaba en el baño. La P.I.E volvió; revisó nuevamente todo y volvimos a la inmobiliaria a terminar con los papeles.
¿Recuerdan lo dicho sobre la brecha económica entre pintar nosotros y pagar a un pintor? Bueno, se achicó aún más. Nosotros sabíamos que debíamos pagar una mora de $50 por entregar fuera de término, pero en la inmobiliaria pretendían $150 (¡WTF!). Luego de discutir nuevamente acordamos en $100 pero nos seguían cagando.
Espero que esta lista de malas experiencias con esta inmobiliaria, sirva de advertencia a los demás. No voy a decir el nombre de la empresa (nosotros la apodábamos “Curtite Peppino”, no es muy difícil deducir si vive en Córdoba). Afortunadamente no supe más nada de ellos, excepto que finalmente liberaron las garantías y destruyeron el contrato en el que tenían nuestras vidas (y principalmente nuestros bienes) en sus manos. En enero me llamaron al celular una mañana de profunda resaca. Tengo algunos flashes acerca de una consulta sobre unas facturas de servicios; no recuerdo mucho que les dije, quizá los insulté, poco me importa.
Este post se hizo mucho más extenso de lo que pensaba. Es un acto un poco soberbio pensar que mucha gente lo vaya a leer entero, pero por lo menos espero que algunos lo hagan para que vean que lo que al principio del primer post decía era cierto. Se me hizo imposible reducirlo sin sacar los mejores detalles (aunque también ignoré muchísimos) pero la idea quedó más que clara: para un estudiante, mudarse es una cagada.
[Lu/N4r]